El violento asesinato del comisario Diego Ponce dejó una marca de dolor e indignación en el partido de La Matanza. El oficial de 46 años, que se encontraba de franco de servicio, fue asesinado por delincuentes en la localidad de González Catán mientras cumplía con su rutina habitual: buscar a su pequeña hija a la salida de su clase de inglés. Juan, un residente de la zona que presenció las secuelas del ataque, brindó un testimonio desgarrador sobre los minutos posteriores al hecho. Según relató, el estruendo de las balas se confundió inicialmente con ruidos de motos, hasta que los pedidos de auxilio alertaron a todo el barrio sobre la gravedad de la situación en la vía pública. Al salir de sus viviendas, los vecinos encontraron a Ponce herido de gravedad y tendido en el suelo. “Le pusimos un trapo porque tenía un disparo en el pecho; él pedía ayuda, no se quería morir”, recordó el testigo conmovido. Ante la falta de una respuesta médica inmediata y la demora de la ambulancia, la comunidad decidió actuar por cuenta propia para intentar salvarlo.